EN PRIMAVERA, la falta de accesibilidad me altera

EN PRIMAVERA, la falta de accesibilidad me altera
EN PRIMAVERA, la falta de accesibilidad me altera

EN PRIMAVERA, la falta de accesibilidad me altera

Como cada año la primavera llegó a Sevilla, y con ella los dos grandes acontecimientos festivos de nuestra ciudad: la Semana Santa y la Feria.

Importante motor económico, la Semana Santa mueve millones de euros y mantiene viva tradiciones económicamente rentables basadas en lo religioso pero sobre todo en lo festivo. Una fiesta popular que, sin embargo, está siendo objeto de una privatización desmedida y que cada vez resulta más difícil calificarla como tal. La Semana Santa apela a la emoción y a la devoción pero, sobre todo, apela a la pela, como dirían por ahí arriba. Resultarían sino inexplicables ciertos hechos a menos que se basen en la lógica del máximo beneficio económico. Lógica que además de privar al pueblo de sus calles durante buena parte de la Semana, convierte lo absurdo en tradición.

Además de la intrínseca dificultad que conlleva el poder disfrutar y participar de la Semana Santa en igualdad de condiciones por parte de las personas con discapacidad, entre otros motivos, por el incumplimiento sistemático de cuanta normativa y legislación le atañe en materia de accesibilidad (por ejemplo, el Decreto 293/2009), en los últimos tres años se ha sumado a la fiesta un hecho aberrante que parece formar parte ya de la tradición: cubrir con cemento ciertos rebajes de la Campana y el Duque para colocar más sillas, obligando así a las personas usuarias de silla de ruedas a ir por la carretera al no poder acceder a la acera; algo por lo que podrían ser multadas, por cierto. Si la razón de semejante atrocidad es llenar un poquito más las arcas del Ayuntamiento, no creo que el beneficio económico, si lo hay, compense semejante atropello, nunca mejor dicho.

De este modo, con la mencionada “tradición” de tapar los rebajes la imposición de circular por la carretera se justifica por la imperiosa necesidad de poner un par de sillas más en la carrera oficial. El Ayuntamiento además de impedirnos el paso nos obliga a cometer una imprudencia. Luego dirán que fue culpa nuestra. Y ni qué decir tiene que dicha práctica supone una dificulta añadida a la hora de desplazarte por la zona en busca de cofradías. Un despropósito desde todos los puntos de vista, pues se supone que el Ayuntamiento debe garantizar la accesibilidad, no destruirla.

Pero hay más. Dicha tradición semanasantera la inauguró el anterior gobierno municipal del PP, y aunque al segundo año y ante la protesta de ciertos colectivos y ciudadanas anónimas prometió el entonces señor alcalde que no lo volvería a hacer, mintió y continuó tapando rebajes hasta que las urnas le indicaron la puerta de salida. ¡Menos mal! Pensamos algunas personas con la esperanza de que el nuevo consistorio socialista, tan crítico con la gestión del anterior, no cometería sus mismas barbaridades… nada más lejos de la realidad.

Juan Espadas y Juan Carlos Cabrera Valera, alcalde y concejal de movilidad respectivamente, al ser informados del malestar que provoca tamaña tropelía, se comprometieron verbalmente a no seguir la absurda estela del gobierno del PP, al menos en lo que a destrozar la exigua accesibilidad de la ciudad se refiere. No sabemos si tal desoído se debe a la externalización de los servicios municipales en manos privadas o simplemente a que, como el anterior, el actual Ayuntamiento antepone el beneficio económico en detrimento de su ciudadanía, especialmente de aquella que más complicado lo tiene para moverse por su ciudad. El actual alcalde del PSOE no solo no está solventando los errores e injusticias de su antecesor en materia de accesibilidad, sino que los está afianzando como una característica más de nuestra querida Sevilla. Querida por toda su ciudadanía, pero no del todo accesible para algunas personas.

Y aunque llamativo, lo que ocurre con los rebajes tan sólo es una pieza más de todo un corolario de incumplimientos que en materia de accesibilidad también tiene su reflejo en el propio ejercicio de la fe. El citado Decreto establece las condiciones de accesibilidad que deben cumplir tanto aquellos espacios reservados para la celebración de festividades religiosas como los templos e iglesias. Sin embargo, desde que entró en vigor hace ya 7 años, no se cumplen, por ejemplo, las reservas exigidas de plazas para personas usuarias de silla de ruedas en los diferentes tramos de la carrera oficial en Semana Santa y la mayor parte de los templos y capillas siguen siendo inaccesibles; si bien es cierto es que están exentas de cumplimiento la inmensa mayoría de las iglesias sevillanas, aunque sólo fuera por respeto a la libertad religiosa de las personas con discapacidad, deberían instalarse durante las horas de culto rampas desmontables de madera, tal y como se hace en Semana Santa u en otras ocasiones. Lo contrario supone vulnerar un derecho fundamental recogido en la Constitución. Curioso comportamiento por parte de quienes están llamados a velar por la moral del prójimo. Pero como no queremos ofender, mejor callar, que para ofendidas ya estamos las personas con discapacidad.

¡Y qué decir de la feria que acaba de terminar! Pues que dejando al margen valoraciones sociales, supone una prueba más de la descarada negligencia de la que hace gala el Ayuntamiento hispalense cuando se trata de cumplir con las normas de accesibilidad de rango obligatorio. Además de ser el otro enormemente lucrativo acontecimiento del año, comparte con la Semana Santa el dudoso honor de ser una trasgresión más del concepto de accesibilidad universal. En el reiteradamente nombrado Decreto se establecen, por ejemplo, las exigencias mínimas de accesibilidad que deben cumplir las casetas en cuanto a que, independientemente de su capacidad o superficie, tienen que tener todos los accesos exteriores accesibles y al menos uno de los aseos debe estar acondicionado para poder ser usado por personas usuarias de silla de ruedas… No hay mejor prueba que la experiencia directa. Además de lo complicado que resulta satisfacer determinadas necesidades fisiológicas en el lugar adecuado y acceder a todas las casetas sin restricción, el mero transitar por el real puede llegar a ser un infierno si necesidad de ir a la calle donde están los “cacharritos”, los cuales, por supuesto no son accesibles, y aunque es un mal menor y no está regulada la obligatoriedad de que sean aptos para todo el mundo, es un detalle a tener en cuenta, sobre todo si aún resides en tu más tierna infancia, cronológica o mental, y el hecho de tener que deambular con una silla de ruedas no te ha privado del deseo, un pelín morboso, de disfrutar echando una buena vomitona desde lo alto del Top Gun

Dicho todo cual, no deja de ser “curioso” que en una ciudad en la que tanto arraigo tienen y tantísima importancia se les da, en cuanto a motor económico y seña de identidad se refiere, ambas fiestas mayores, “ejemplo de la sevillanía pura y dura y el orgullo de su gente”, sean especialmente inaccesibles para las personas con discapacidad.

Así, como cada primavera, un inconfundible aroma mezcolanza de azahar, incienso y fritanga inundó una vez más las calles de Sevilla. Envoltura olorosa y colorida que guía al transeúnte que busca por los rincones atraído por ese característico gentío callejero la pretendida esencia de nuestra ciudad. Y con ella, el embeleso de los sentidos, el fervor popular, el devenir de imágenes engalanadas, las casetas abarrotadas y esa inmensa luna llena que preside cada madrugá… todo un deleite para quienes se entregan sin mesura a la pasión y al “rebujito” por igual. Con la Semana Santa y la feria vuelve cada año ese inevitable viaje hacía el centro de lo que para muchas personas es Sevilla, su esencia. Pero también, vuelve la constatación de que con ambas fiestas se fomenta la desigualdad y la dificultad, presididas por un sinsentido impuesto por quienes deberían velar por la seguridad y comodidad de toda la ciudadanía.

Según la Disposición adicional duodécima del archimencionado Decreto, en caso de constatación de incumplimientos en materia de accesibilidad y supresión de barreras arquitectónicas, las correspondientes Administraciones Locales deberán dictar órdenes de ejecución a los titulares de los bienes en los que tengan lugar los referidos incumplimientos, con objeto de llevar a cabo las actuaciones necesarias encaminadas al cumplimiento de la legislación en materia de accesibilidad. Si el propio Ayuntamiento es el principal infractor ¿qué hacemos? En relación con los rebajes, el señor Juan Espadas afirmó vía twitter que “aún quedan cuestiones por mejorar” y que están trabajando en alternativas para garantizar la accesibilidad. Esperemos que el señor alcalde no se pierda en la búsqueda de alternativas absurdas y se limite a cumplir la ley en materia de accesibilidad, en lugar de destruirla.

Mientras, sólo nos queda esperar a que el año que viene llegue por fin una primavera festiva verdaderamente democrática, apta y disfrutable por toda la ciudadanía sevillana, con una feria deslumbrantemente respetuosa y una Semana Santa que no suponga un calvario para algunas personas y que respete lo verdaderamente sagrado, los derechos de la gente.

Eugenia Carrasco
Responsable del Área de Diversidad e Igualdad Ciudadana


Comparte