La Accesibilidad Universal no es una Utopía, es Justicia

La Accesibilidad Universal no es una Utopía, es Justicia
La Accesibilidad Universal no es una Utopía, es Justicia

La Accesibilidad Universal no es una Utopía, es Justicia

Cuando el 3 se convierte en un 4 y las leyes se dejan sin cumplir

Todas las personas, todas, necesitamos adaptaciones. Desde las más rudimentarias tecnológicamente hablando hasta las más sofisticadas. Por ejemplo, cada día muchas personas hacen uso de unas adaptaciones llamadas “escaleras” para subir y bajar de las diferentes plantas de un edificio. Porque, aunque creamos lo contrario, las escaleras no surgieron de la Madre Tierra cual capullo de alhelí, son una adaptación tecnológica creada por el ser humano para salvar una dificultad, pero como son usadas habitualmente por una gran mayoría de la población, no se consideran como tales. Siempre están ahí para quien las necesite.

Imaginemos entonces lo que ocurriría si no existieran las escaleras o su presencia en los edificios no estuviera generalizada. Nadie, salvo que pudiera costearse su construcción o fuera un magnífico escalador, podría vivir o trabajar en edificios construidos en vertical. Por suerte, la capacidad del ser humano para adaptarse y crear la tecnología que permita esa adaptación ha evolucionado de tal manera que pocos espacios y lugares del planeta se resisten a la ocupación humana. Incluido el cielo. Ya no hay límites. Llegamos hasta dónde la imaginación lo permite a través de la adaptación del mundo que nos rodea.

La falta de escaleras, sin embargo, impondría límites y convertiría a todas las personas en “discapacitadas”, pues ese entorno arquitectónico creado (no natural) incapacitaría al impedir el desenvolvimiento autónomo y libre de las personas. Y eso es exactamente lo que ocurre con el resto de adaptaciones. Por suerte, en un mundo ficticiamente “normativo” como el nuestro, aquella necesidad considerada “normal” está cubierta. El problema (más bien la injusticia) surge cuando las adaptaciones no coinciden con las que necesita la mayoría estadística de la población, como por ejemplo, sillas de ruedas, lengua de signos, pictogramas, bucle magnético, rampas, textos en braille… es decir, aquellas que propician la accesibilidad universal, un derecho fundamental cuya ausencia convierte en parte de la población en ciudadanía de segunda…

Recordemos una vez más qué significa ese “palabro” y por qué decimos que es un derecho: por accesibilidad universal se entiende la condición que deben cumplir los entornos, procesos, bienes, productos y servicios, así como los objetos o instrumentos, herramientas y dispositivos, para ser comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad y comodidad y de la forma más autónoma y natural posible; presupone la estrategia de “diseño para todos” y se entiende sin perjuicio de los ajustes razonables que deban adoptarse. Es decir, se trata de diseñar, aplicar y construir de forma que no se excluya a nadie.

Por ello, para evitar que ninguna persona se quede sin poder “subir por la escalera”, o lo que es lo mismo, sea excluida por vivir en un entorno incapacitante, existe un amplio tejido legislativo encaminado a garantizar ese derecho básico. Tal es el caso del Real Decreto Legislativo 1/2013 sobre accesibilidad, que establece el 4 de diciembre de 2017 como fecha límite para que todos los espacios, establecimientos y edificios construidos con anterioridad al 2010 realicen los “ajustes razonables” necesarios para que sean accesibles y por tanto inclusivos.

Nada o casi nada se ha hecho y a falta de pocos días para cumplir el plazo marcado no esperamos milagros. La dejadez de las instituciones, en nuestro caso el Ayuntamiento de Sevilla, habrá posibilitado la ilegalidad en nuestra ciudad, pues a partir de este 4 de diciembre todo espacio, establecimiento y edificio inaccesible será ilegal. Se suele apelar al factor económico para justificar esta inacción, pero realmente lo que hay detrás es una tremenda negligencia institucional, por ser el principal infractor y un deficiente sancionador. Esperemos que a partir de ahora nuestro Ayuntamiento tenga la voluntad política para cumplir y hacer cumplir.

En estos tiempos convulsos en los que se apela continuamente a la legalidad y se desempolva el “librito de las maravillas” para garantizarla, me pregunto ¿acaso una ley es más importante que otra? ¿la vulneración de un derecho que encierra a las personas en cárceles sin rejas e imposibilita llevar una vida lo más normalizada posible no es razón suficiente para la movilización y denuncia social?

La accesibilidad universal es condición necesaria e indispensable para la autonomía personal, la libertad y, en definitiva, la vida de muchas personas, e igualmente beneficiosa para toda la ciudadanía, con y sin discapacidad.

El incumplimiento de una ley que la garantiza debería ser un revulsivo para que toda la sociedad en su conjunto tomara conciencia de que adaptar no es ayudar, sino JUSTICIA. Es responsabilidad de toda la ciudadanía exigirla. Por eso, las personas con discapacidad esperamos que las distintas convocatorias que se están organizando por todo el país para denunciar este nuevo agravio, se conviertan en un clamor colectivo para exigir que de una vez se respeten nuestros derechos. Aquí en Sevilla la cita será este lunes 4 de diciembre a las 11,30h en Plaza Nueva. Súmate, no hay mejor argumento que la experiencia directa.

Tenemos la tecnología para adaptar el mundo y unas leyes que están a nuestro favor, pero si no se respetan, el cambio real nunca llegará a nuestras vidas.

Por todo ello, este año, el 3 se convierte en un 4 y el Día Internacional de las Personas con Discapacidad cede su importancia a ese plazo incumplido. Porque no aceptamos límites y también queremos llegar hasta dónde la imaginación nos lleve

 

¡¡¡ACCESIBILIDAD UNIVERSAL YA!!!

Eugenia Carrasco

Secretaría de Discapacidad y Accesibilidad

PODEMOS Sevilla

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