¿Políticas de Bienestar?

¿Políticas de Bienestar?
¿Políticas de Bienestar?

¿Políticas de Bienestar?

“La puesta en práctica de las políticas de bienestar no es un horizonte que deba perseguirse, sino la condición para un desarrollo social pleno, el eje sobre el que giren el resto de las políticas. Es el punto de partida que necesita la ciudadanía con el fin de alcanzar sus derechos fundamentales y una convivencia democrática, en el marco de una sociedad que centre los objetivos de su desarrollo económico en la justicia social global, en el respeto por el medio ambiente, en la lucha contra el riesgo de pobreza y exclusión social de cualquier tipo.

En este sentido, deben denunciarse las políticas llevadas a cabo hasta el momento, que no solo no han disminuido la pobreza, la exclusión y la desigualdad, sino que en muchos casos las ha aumentado. Debe denunciarse, igualmente, que el actual sistema económico, cuya única orientación es la máxima rentabilidad de las inversiones y el mayor beneficio posible, dificulta la erradicación de la pobreza, que viene fomentada por un elevado porcentaje de desempleo estructural. La consecuencia inmediata es, entre otras, un elevado número de hogares en permanente situación de pobreza y marginación, mantenidos solo por una política asistencial que a todas luces es insuficiente. No se trata pues, de desarrollar ese tipo de políticas, sino actuar bajo el principio básico de justicia social. Desde esa perspectiva, llevar a cabo una política económica, social e inclusiva que permita ofrecer condiciones de vida decentes a todos los miembros de nuestra sociedad.” (1)

Posiblemente nunca estuvieron más distanciados los valores rectores de las políticas económicas/sociales de principios éticos que en la actualidad.

En términos generales:

Hemos prostituido la palabra libertad al añadirle el adjetivo “de mercado”, lo que ha  permitido  destruir el principio que marcaba “que mi libertad termina donde empieza la tuya”, dando paso a un derecho (¿?) a la acumulación  desmedida de propiedades que arrasa cualquier posibilidad de plantear el aspirar a  la reducción de la desigualdad. Ni el inventor de la rueda hubiera aportado a la humanidad MIL MILLONES de valores más que un trabajador del tercer mundo fabricando ruedas para él.

Hemos prostituido la palabra igualdad al añadirle el adjetivo “de oportunidades”, lo que ha permitido introducir la idea de que la desigualdad ocurre principalmente por que el pobre o en riesgo de pobreza no supo aprovechar las oportunidades que se le ofrecieron. Desde el momento mismo del nacimiento establecemos privilegios que desvanecen para los empobrecidos cualquier esperanza de alcanzar metas fácilmente asequibles para los ricos.

Hemos prostituido la palabra fraternidad encerrándola en el entorno familiar,  de intereses privados o como mucho el ámbito profesional. La humanidad de la solidaridad la hemos expulsado del nuestro círculo de intereses, convirtiendo al “otro” en un competidor al que como mucho y en casos extremos regalar lo sobrante. Los valores del compartir/distribuir las riquezas están siendo relegados de entre los que priman en una sociedad a la búsqueda de un hedonismo inmediato.

Hemos prostituido también la palabra justicia dando prevalencia a la palabra legal; esto nos permite eliminar los conceptos éticos de los principios orientadores de las legislaciones y sustituirlos por leyes, que siendo herramientas básicas para la convivencia, en todos los casos son redactadas por los ricos. Esta forma de legislar establece las bases para mantener la lucha de intereses. Se  nos olvida muy fácilmente que  “la paz es el fruto de la justicia” (2).

Un cambio en estas tendencias debe hacerse cuanto antes porque, apoyados por muchos intereses mediáticos entre otros, están arraigando con fuerza en nuestra cultura. Podríamos empezar (entre otros) por acciones como estas:

  • Al igual que los proyectos de ley que afecten al presupuesto deben ir acompañados de una memoria económica que justifique la necesidad del gasto y su adecuación a los mismos también debería pedirse una memoria ética que asegure que el proyecto no es contrario ni dificulta la aplicación de lo dispuesto en La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Constitución española.
  • En estos momentos hay un movimiento transnacional en pos de lograr que la ONU, establezca una resolución de declarar ilegal la pobreza. Esta aparente utopía no se diferencia mucho, tanto en objetivo como en las circunstancias que la acompañaban, de la lucha en el siglo XIX para erradicar la esclavitud. Nadie en 2017 piensa que fuese un error la erradicación de la esclavitud ni que sus consecuencias fuesen moral, ética e incluso económicamente beneficiosas para la humanidad. No sería pues ninguna locura pedir que el Gobierno de España apoyase la aprobación de esa proposición

 

  • 1. “Un compromiso con la inclusión” (Documento contra la pobreza y la exclusión social. Sevilla 2017)
  • 2. Isaías 32:17

Asunción Cid, Consejera Ciudadana de Podemos Sevilla

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